El Periódico de Aragón
La fiesta no fue para todos
Mª. Victoria Trigo Bello
En el mosaico colorista que las bufandas dibujaron ayer en la Plaza del Pilar en la llamada fiesta del agua, el mapa de Aragón estaba incompleto. En la unidad contra el trasvase del Ebro, en esa solidaridad hacia todos los pueblos, todos, a la que se refirió la autora y lectora del manifiesto, Soledad Puértolas, la ausencia de los afectados por los grandes pantanos previstos en el Plan Hidrológico Nacional, se hizo más evidente para quienes entendemos que decir no al trasvase del Ebro es decir mucho, pero no es decirlo todo.
Y es lógico que no estuvieran en la Plaza del Pilar de Zaragoza quienes difícilmente podrán admitir como fiesta del agua un evento en el cual el padre Ebro, adquiere un protagonismo con el que en vez de aglutinar, más bien se pretende anular -desde ciertas formaciones políticas y colectivos que abusan de ser numéricamente superiores a los maltrechos núcleos de montaña-, a los hermanos fluviales menores, hermanos que también significan sentimiento, economía, ayer, hoy y mañana en sus territorios.
La unidad en Aragón contra el Plan Hidrológico Nacional es necesaria.
Pero ha de ser una unidad cimentada en el consenso, no en una reproducción a escala del centralismo, obligando a callar a quienes no pueden entender la fiesta del agua sino como una amenaza. Y además, como amenaza doblemente dolorosa por ser reclamada, en base a promesas casi centenarias, por otros aragoneses que, hastiados de esperar durante generaciones, arremeten contra la oposición más débil. Y no obstante este enfrentamiento, o precisamente porque la situación de empecinamiento de sobrevivir unos a costa de otros no da más de sí, ha de establecerse el diálogo entre ambos frentes, para compatibilizar la atención a sus diversas necesidades para desarrollarse.La Nueva Cultura del Agua es la clave para ese diálogo.
Por esto me indigna que desde diversos medios se presente la jornada del 7 de Octubre como una reparación de la ruptura que sucediera hace un mes en Bruselas achacando ésta a la montaña, a quien se calificó como de "izquierda radical". El 9 de Septiembre la división fue sembrada por quienes no sólo se apuntaron a última hora para salir en la foto en la pancarta, sino que adicionalmente a su oportunismo, aspiraron en vano a alterar los postulados de la Marcha Azul. Es decir, que no contentos con acudir "de gorra" al banquete de europeidad, se enfadaron porque no les dejaron elegir el menú.
El 7 de Octubre no pudo ser una fiesta para todos. Pero yo quiero ser optimista y apostar porque los aragoneses de cualquier punto del mapa sabremos labrarnos esa vía que rompa tópicos, que contemple las desigualdades históricas y que propicie la viabilidad de que el agua de boca, el agua de riego, el agua de la industria, no arrastre posos de amargura, de frustración, de impuesto desarraigo para quienes todavía no están censados en el mapa social de Aragón que utiliza el Gobierno Autónomo a la hora de plantear la temática del agua.