El Pirineo Aragonés

La montaña, la digna ausente

Mª. Victoria Trigo Bello

El pasado domingo, vivió Zaragoza una colorida expresión de rechazo al Plan Hidrológico Nacional, concentrada en el mensaje de NO AL TRASVASE.

Esta manifestación, aniversario de la ocurrida un año atrás cuando cuatrocientas mil personas salimos a la calle para protagonizar aquella jornada, ha tenido una importante diferencia respecto a la primera: la montaña no estuvo en Zaragoza.

Y es comprensible que no estuviera, cuando en aras de una unidad más aparente que real, se continúa insistiendo desde los más altos cargos del Gobierno de Aragón, en los tópicos de "primero las obras en Aragón", "ahora lo importante es parar el trasvase" y de nuevo la voz de la montaña es condenada al silencio. Tanto Iglesias como Biel, reiteraron sus posiciones: para el primero, en la Plaza del Pilar estaba representado todo Aragón, con la única excepción –lógica excepción-, del Partido Popular; es decir, que para él la montaña no cuenta ni como ausencia; para el segundo, allí sólo faltaban los grupos menores. ¡Y luego acusarán de afán político al prójimo!. ¿A quién quieren engañar?.

¿Pero es que hay alguien de las zonas de Santaliestra, Yesa, Biscarrués, que pueda aceptar la ironía de que se denomine "fiesta del agua" a lo que allí, en los anunciados progresos "a lo Jánovas", es una pompa fúnebre?.

Hasta para los menos observadores, resulta indudable la intención de la coalición Iglesias-Biel de que la jornada del siete de Octubre significara un borrón y cuenta nueva tras la disparidad de criterios que la Marcha Azul -¡y cómo duele en las altas esferas oficiales que se mencionen estas dos palabras!- supuso en Bruselas un mes atrás, quedando además la montaña y la "izquierda radical" condenada a aparecer como culpables de la ruptura de esa anhelada unidad que desde el Gobierno de Aragón se ha venido imposibilitando. Pues bien, ya que de agua se trata, les sugiero a nuestros gobernantes que preparen los paraguas porque desde esa montaña a la que tanto menosprecian, se les van a multiplicar las goteras.

El siete de Octubre fue una fiesta tipo cumpleaños feliz, con pancarta en vez de tarta, con los señores Iglesias y Biel en el medio de un colectivo al que, pese al marco de la folklorada, no terminan de liderar. Y la montaña, en su digna ausencia de ese montaje, estuvo presente a los ojos de quienes en este año de andadura, hemos aprendido a ser escépticos ante las improvisadas mayorías del manipulable zaragocerío pilarista que, por desgracia, todavía está muy poco sensibilizado hacia la Nueva Cultura del Agua.


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